
Ahora me acuerdo de las palabras que en su día pronunció Larry Bird sobre Michael Jordan: "Esta noche he visto a Dios disfrazado de jugador de baloncesto". Ayer Iniesta cumplió el papel de Dios para el barcelonismo. Su gol, más bien dicho su golazo, ya ha pasado a la historia del club culé. No es para menos. Marcar el gol que clasificar a tu equipo para una final de Copa de Europa y en el último minuto debe de ser una situación indescriptible. Me cambiaría por Andrés ahora mismo. Esto es lo que quedará para la historia, que el manchego enganchó un chut que clasificó a su equipo. Pero detrás hay más cosas. El Chelsea fue superior al Barcelona en los 90 minutos de ayer. No sentenció el partido antes porque un espectacular Valdés, repito un espectacular Valdés -para los que dudan de Víctor- salvó al Barcelona de quedarse sin poder disputar el triplete. Los blues fueron superiores en cuestiones tácticas: Hiddink anuló al Barcelona en los dos partidos, hizo un trabajo defensivo impresionante, siempre que Messi o Iniesta cogían el balón en tres cuartos de campo siempre había tres jugadores rodeandole. A algunos a esto le llaman racanería. Yo le llamo saber preparar un partido en función del rival. No por jugar diferente que el Barcelona, mereces menos estar en la final.
Repito que los culés no estuvieron cómodos en ningún momento de la semifinal. Ni en el Camp Nou, donde si disfrutaron de alguna ocasión clara. Ayer solo una y para adentro. No querían efectividad... Me sorprendió gratamente Touré como central. Cuajó un partido más que digno y más viendo que tenía como misión defender a Drogba y Anelka. Impresionante. Yo hubiera puesto a Abidal de central y Sylvinho en el lateral, para así dejar al costamarfileño en su posición en el mediocampo. Le salió bien la jugada a Guardiola, que cada tengo más claro que tiene un jardín donde la espalda pierde su nombre. Con esto no digo que Pep no sea un buen entrenador, que lo es, pero tiene esa dosis de suerte que separa el éxito del fracaso. Al igual que en la jugada del gol. Como si el destino le hubiera preparado esa jugada a Iniesta. Se juntó todo. El primer centro bueno de la noche de Alves, despeje malo de Terry, mal control de Eto'o acompañado de un misto de Essien, la clarividencia de Messi asistiendo a Andrés, y el golazo de éste para pasar a la historia. Me alegro por Iniesta. ¡Qué futbolista! Me acordé de aquél golazo que clavó en Old Trafford con la selección española en un Inglaterra-España de no hace mucho. Por eso, a Andrés le van las islas.

Cuando una final se decide en la tanda de penaltis siempre hay un héroe y un villano. Van der Sar ejerció de bueno parando la decisiva pena máxima al francés Anelka. El que se llevó la peor parte fue Terry, el inglés lanzó el quinto y último penalti que hubiera dado el título al Chelsea. La mala fortuna hizo que resbalara y enviara el balón al poste. Justo antes de lanzar el penalti, comenté a las personas que estaban conmigo viendo el partido, que Terry era la persona ideal para darle a los blues la primera copa de Europa. Un hombre inglés, que siempre ha vestido la camiseta del Chelsea, el capitán...era lo más justo. Pero el fútbol no es justo y ayer fue tremendamente cruel.
En la fase decisiva, los penaltis se iban sucediendo hasta que llegó el momento de Ronaldo. El portugués, que falló en Barcelona, volvió a fallar ayer. El luso se vino abajo, veía que se le escapaba la final hasta que llegó el momento crucial de la noche. Terry era el encargado de lanzar el quinto lanzamiento y la mala fortuna se topó con él. Su lanzamiento se marcho al palo y dio vida al United. Estos no fallaron más y el error de Anelka propició que los red devils se alzaran con la tercera copa de Europa de su historia.
